pastillas
Bienestar

Las pastillas no son la única solución.

En los últimos años el consumo de pastillas en nuestro país se ha disparado, sobretodo aquellas para hacernos sentir mejor, como los tranquilizantes, los antidepresivos y los somníferos para dormir por la noche. Aunque también han aumentado el consumo de otro tipo de pastillas, como los antiácidos o los antiinflamatorios, en esta entrada quiero hacer una pequeña reflexión acerca del abuso en pastillas para hacernos sentir mejor, sin hacer ninguna otra terapia complementaria, o cambio de hábito saludable.

Si bien está comprobado que los antidepresivos funcionan muy bien para depresiones severas, o los tranquilizantes para casos de ansiedad aguda,  también hay estudios que revelan los efectos nocivos de las benzodiazepinas a largo plazo y algunas de ellas pueden causar dependencia, es decir que el cuerpo se acostumbra a la química de la pastilla y al dejar de tomarlas pueden aparecer síndrome de abstinencia (igual que otras drogas, como el alcohol, por ejemplo).

El caso es que aun sabiendo que tienen efectos nocivos para la salud a largo plazo, su consumo ha aumentado y parece que su uso sea genérico, ya que las encontramos en muchos hogares. ¿Por qué esta sucediendo esto?

«Las enfermedades no nos llegan de la nada. Se desarrollan a partir de pequeños pecados diarios contra la Naturaleza. Cuando se hayan acumulado suficientes pecados, las enfermedades aparecerán de repente.» Hipócrates.

Impaciencia y falta de tiempo.

Estamos tan ocupados que ni siquiera tenemos tiempo para observarnos a nosotros mismos y entender las señales que nos envía nuestro cuerpo para advertirnos que se produce algún desequilibrio. Así que nos tratamos como robots o máquinas y buscamos la solución rápida: si nos duele la cabeza nos tomamos una pastilla, si no podemos dormir, pastilla. Si estamos tristes, otra pastilla…y así dejamos de darle importancia a las raíces de la causa que provoca ese desequilibrio en nuestra salud y seguimos el ritmo de siempre. Eso es más fácil de hacer que cambiar nuestra rutina o empezar nuevos hábitos como empezar a hacer deporte, ir a terapia psicológica o cambiar nuestra dieta, por poner unos ejemplos.

Y si vamos al médico, no hay tiempo para una consulta larga, así que lo que va a hacer el médico es recetar una pastilla: no tiene tiempo de hablar con los pacientes y conocerles.

El caso es que haciendo esto, solo estamos poniendo un parche temporal a un problema que si no se trata, puede seguir creciendo en la sombra y más adelante puede volver a salir más crecido, por tanto, nos estamos haciendo un flaco favor si pensamos que solo por tomar una pastilla arreglaremos el problema de raíz.

Sumo seres humanos, con emociones, historias personales, formas de pensar distintas, y las emociones, incluso aquellas que nos incomodan como la frustración, la tristeza o el enfado, tienen sus funciones. Nos pueden ayudar a superar una perdida, a tener energía para encarar una situación que nos parece injusta, o nos sirven para ayudarnos a tener iniciativa a cambiar cosas que no funcionan para nosotros.

En cambio, si tomamos una pastilla solo para no sentir unas emociones «normales», lo que hacemos es adormecernos y de esta forma no tenemos que hacer esfuerzos por cambiar nada, es como si nos volviéramos un poco «zombis».

También podemos aprender a gestionar las emociones para mantener un punto de equilibrio y no reaccionar excesivamente a sucesos externos de la vida cotidiana y mantenernos en un centro. No es tan fácil como tomar una pastilla pero a largo plazo es muchísimo mejor ya que es una inversión en buena salud mental y física.

Nuestro entorno afecta a la salud mental.

No somos organismos aislados del mundo que nos rodea: La nutrición, el medio ambiente, el clima social e incluso la economía  pueden provocar enfermedades mentales. Si hay tantas personas que necesitan tomar tranquilizantes, antidepresivos y demás sin tener una causa mayor, es decir, que se sienten mal por el estilo de vida…quizá hay que empezar a cuestionar si hemos construido una sociedad sana donde el ser humano puede compatibilizar con equilibrio sus facetas (familiar, social, laboral, personal, etc.)  o estamos participando en crear un sistema que es nocivo para salud de las personas en general.

La salud humana es un reflejo de la salud de la tierra” Heráclito.

Negocio farmacéuticas.

Evidentemente, a más ventas de estos fármacos, más ingresos obtienen las empresas que los producen, y sobretodo si son sustancias que generan dependencia a largo plazo porque el paciente va a seguir tomando estas píldoras muchos años.

Reflexión final.

El consumo de estos medicamentos funcionan muy bien en casos severos, bajo la tutela de un especialista y con terapias complementarias pero nunca deberían ser usados en casos leves y de forma continuada para tratar de mantener las emociones que no nos gustan bloqueadas y evitar hacer un proceso de cambio personal.

Si te interesa saber más sobre este tema te dejo unos enlaces de libros y entradas de otras webs que me han parecido muy interesantes:

Enlaces recomendados:

¿Qué son las benzodiazepinas? Usos y consecuencias

Efectos de las benzodiazepinas a largo plazo.

Bibliografia: «Insatisfets» de Jaume Barberá.

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